20 febrero 2017

We found love right where we are [Jumin Han / MC]

Se podría decir que una de mis cosas preferidas del año pasado fue el descubrimiento de Mystic Messenger (y con él, adentrarme en el amplio y maravilloso mundo de los otome), tanto del juego propiamente dicho como de la inmensa y creativa comunidad que se esconde detrás.

Puede parecer una tontería, pero a raíz del mismo volví a escribir, y eso que yo nunca me había lanzado con los fanfic pero OH BOI, se ha abierto la caja de Pandora.

En fin, en resumidas cuentas, esta plataforma puede servirme, igualmente, para darle salida a tales textos (así como para obligarme tanto a escribir nuevos relatos como a actualizar el blog), y en eso estamos, empezando por uno de los que más me gustan, con banda sonora incluida.


La fiesta se había extendido más de lo que estaba planeado en un principio, no obstante, el resultado había sido más que satisfactorio, teniendo en cuenta la contagiosa alegría de los invitados así como la gran cantidad de apretones de manos y números de teléfono que se habían intercambiado a lo largo de la velada.
Jumin se había mantenido a su lado, encargado de presentarle a los diversos invitados con los que estaba familiarizado, además de actuar a modo de apuntador cuando ella se olvidaba de algún nombre. Cabe decir que no se había dado tal circunstancia. Por lo que no quedaba muy claro si sus funciones eran aquellas o más bien se comportaba como un novio receloso pendiente de que ningún tipo se tomara demasiadas confianzas.
Se encontraban volviendo a la casa, en la parte de atrás del coche de él, amparados por un silencio cómodo, intercambiando tímidas sonrisas a la par que entrelazaban los dedos, ambos felices y satisfechos, cansados pero sumamente contentos. Una alegría cálida que incluso había contagiado a Kim, el chófer, que murmuraba suavemente los villancicos emitidos por el estéreo del coche. No había motivo para no hablar, si bien, quizás una mera palabra fuera capaz de romper el hechizo, esa burbuja de ilusión que los mantenía despiertos, que reventaría en el momento en el que la conciencia de que todos los preparativos habían tocado a su fin, que la RFA había vuelto a las andadas.
Cuando abrieron la puerta, una presencia familiar los estaba esperando, lista y preparada para las caricias y las dulces palabras de su amo, atenciones que reclamaba frotando su peludo cuerpo por los tobillos de él. Sin embargo, fue ella la que la tomó en sus brazos, rascándole detrás de las orejas y llevándosela al salón a la par que dejaba por el camino unos preciosos zapatos de tacón.
- ¿Te apetece una copa?
- No me vendría nada mal, gracias, Jumin.
Él se marchó a la cocina, solícito y preparado para escoger un caldo acorde para la ocasión. La mejor cosecha sólo para ella, para su chica. Por el camino, escogió dos esbeltas copas de cristal que llenó sin demora, listas para un brindis a modo de celebración. Una música se colaba por el pasillo, una melodía lenta, palabras.
And I’m thinking ‘bout how.
People fall in love in mysterious ways.
Maybe just the touch of a hand~

La imagen que se encontró lo dejó paralizado, no por la sorpresa o el miedo, era algo diferente, algo cálido que se extendía más allá de su pecho, que le provocaba un nudo en la garganta así como ciertas dificultades al tomar aire. Ella bailaba con su pequeña Elizabeth III en brazos, murmuraba la letra de la canción, susurrando a la felina, que ronroneaba con satisfacción. La luz era tenue, danzaba sobre su espalda descubierta, sobre el tejido de su vestido que ahora arrastraba por el suelo, pies de alabastro asomaban con cada paso. Era como ver a una niña que disfruta imitando a su ídolo, pero también a una mujer que ama, que se mueve con lentitud saboreando cada verso, que brilla en la noche. Cuando ella giró, el vestido bailó a su compás, dejando de lado a la gata, movía los brazos libres invitándolo a abrazarla, pasos mudos sobre la alfombra. Y él seguía ahí parado, hasta que ella le quitó las copas de los dedos, despacio y sin dejar de sonreír, apartándose. No. No iba a dejarla escapar, nunca más. Era como el agua, con la luz jugando sobre su superficie, sobre unas curvas desdibujadas por el tejido, huidiza, incontenible, como el aliento que pugnaba por llegar a sus pulmones.

Cuando la rodeo por la cintura y la acostó contra su pecho, ella se rió, cubrió sus manos con sus palmas tibias y se meció al compás de la canción, ambos bailando a destiempo. Él le beso la nuca, acariciando su espalda, rozando sus hombros con la boca, ella dejó paso a su aliento, que bajaba por sus omóplatos, a la par que las manos de él desataban con destreza la hilera de botones que se extendía más allá de las lumbares. Cuando ella notó que el vestido le resbalaba por los hombros, se dio la vuelta, enfrentándose a una ardiente mirada gris, se puso de puntillas para susurrarle al oído:

So honey now… take me into your loving arms~

Y él le hizo caso, acomodando las curvas del cuerpo de la chica contra el suyo propio, apropiándose de un aroma ya familiar. Deseo.

Kiss me under the light of a thousand stars~

Así lo hizo, un beso profundo al que apenas pudo poner fin, con la voz entrecortada y los ojos cerrados esperando el siguiente movimiento.

Place your head on my beating heart~

Y por el camino ayudó a la delicada prenda a deslizarse por los hombros de ella, sintiendo la suavidad su pecho, piel que esconde un corazón que aletea con prisa.

La canción seguía, pero ambos se habían perdido, escribiendo versos de saliva en la piel ajena, una muda declaración que escapa de los labios de él, pero no hay silencio, sólo una sonrisa, más besos, nuevas caricias.

Un Jumin bonito a manos de Kotorichansan

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