29 agosto 2016

El cosplay y la ruptura de la zona de confort


A pesar de haber empezado con esta definición, no quiero referirme al campo de la ansiedad o al hecho de afrontar situaciones de riesgo, sino a la seguridad en uno mismo y la autoestima.

Me resulta bastante vergonzoso admitirlo porque es un tema que he tratado únicamente con mi pareja, pero realmente es algo que le puede ocurrir a cualquiera,  y es que yo no estoy contenta con algunas partes de mi cuerpo, y por ello, no me gusta enseñarlas: hasta este año no he llevado pantalones cortos porque no me gustan mis muslos ni mis caderas, no llevo camisetas de tirantes porque me siento expuesta y exhuberante (en el mal sentido), y hasta hace un par de años me negaba a llevar sandalias y a enseñar los pies.

Quizás a la hora de vestir esto no suponga grandes inconvenientes, ya que puedo suplir las carencias con otras prendas, cortes, modelos... Pero dentro de una de mis aficiones, el cosplay, supone toda una serie de frenos a la hora de escoger personajes.

Una tontería tan grande como llevar los hombros al descubierto supuso toda una barrera para mí a la hora de hacerme el traje de coronación de Anna (Frozen). Pensaba que iba a parecer una princesa machorra con espaldas anchas y un escote excesivo y feo (de esos que se salen los pechos por el borde del corsé dando un efecto excesivo y casi grotesco, nada apropiado para el personaje), o que se me vería papada y la cara muy ancha al llevar el pelo completamente recogido. Pero yo quería llevar ese traje, no el de montaña, que no me gusta, si lo hacía tenía que ser ese. Y ahí entraron en conflicto dos partes, las ganas de hacerlo frente a los miedo de cómo me veré o que dirá la gente. Por suerte, creo que tengo un par de dedos de frente y ganó el entusiasmo, para luego encontrarme con el hecho de que no era para tanto: la forma de corazón del corsé era favorecedora, mis hombros casi se veían bonitos y favorecidos por el corsé y las manguitas y, desde luego, no se me iba a salir un pecho por el camino.

Foto: RNLY photography (Facebook)
Este año volvió la misma cantinela, las dudas y los miedos: Wonder Woman. Mi versión más favorita de mi superheroína preferida ¿de verdad voy a dejar pasar la oportunidad de abordar ese traje por el mero hecho de enseñar las piernas? Pues casi, realmente, pero decidí imponerme el seguir adelante, porque es algo que me gusta y quiero hacer, y tendré caderas, y tendré celulitis en los muslos y marcas de granitos y de mis escabechinas cuando me rasco ¿Y qué? Pero no quiero parecer ridícula y estar embutida, no quiero sentirme vulnerable por enseñar cosas de mi cuerpo que no me gustan (y que hasta ahora he ocultado gracias a las amplias faldas de Disney), no quiero que la gente hable y critique porque sé que en ese aspecto no puedo hacerle frente, porque yo misma conozco y veo mis defectos.

No obstante, de nuevo ha ganado el entusiasmo ¿Cómo? ¿Por qué? Me remito a la que ya he comentado anteriormente, no hay que renunciar a lo que nos gusta, a lo que nos va a hacer felices por el hecho de regodearte en tus defectos. Si es que realmente no va a ser para tanto después, cuando te veas con todo el armatoste puesto no vas a pensar en el flotador que te sale en la cadera, o en la circunferencia de tus muslos, vas a verte a ti como el personaje, y vas a sentirte feliz por haberlo conseguido.


Ahora veo esta foto y digo: jo, me sale una lorza en la cadera entre el burruño de la camiseta y mis carnes pálidas, no me gusta la forma de mis rodillas, parece que me aprieta el pantalón, y voy sin pintar... pero como molo, como me gusta. Como me gusto.

Y quizás este post sea una reflexión de perogrullo que a muchos les puede parecer una llamada de atención, pero me da igual, porque me gusta compartir y dar a conocer una experiencia positiva, que ya no se limita al mundo del cosplay, sino que intento llevarla a la vida y la ropa de diario: este año me he comprado una falda de tubo ¿y por qué no? Y he llevado esos mismos pantalones cortos para ir a la calle, llevo vestidos cortos, la espalda al aire... (lo de los tirantes ahí sigue, pero será cuestión de tiempo).

Dejemos de lado pensamientos ajenos, o incluso los propios, si son tóxicos. La largura de un pantalón o lo ajustada que es una camiseta no pueden suponer un freno para hacer y conseguir aquello que nos gusta y queremos.

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